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En artículo de opinión de la web oficialista “Misión Verdad” descalifican a ONGs

Noticia titulada: “Mentiras e imprecisiones de Nicholas Casey sobre la “crisis hospitalaria” en Venezuela”

Fecha: 19 de mayo del 2016

Autora: Maryu Alejandra 

Textual: 

Con el periodismo mercenario en Venezuela ocurre lo mismo que con la vocería de partidos de derecha o líderes: hay una recurrente necesidad de importarlos.

Aunque los operadores nacionales tienden a carecer de cierto talento, en este caso, la utilización que hace The New York Times (NYT) para impulsar la mecánica desinformativa, tampoco es la más brillante. Hablamos de Nicholas Casey, un periodista que sirve de corresponsal para uno de los medios corporativos más influyentes del mundo.

En Misión Verdad ya hemos puesto al descubierto su modus operandi.

Recientemente Casey pasó de recorrer puestos de bachaqueros en Petare, ahusmear un poco dentro del ámbito hospitalario, cosa común en las frustraciones periodísticas locales, pero al parecer también en los importados. Todo periodista quiere ser un poco médico, un poco patólogo, un poco forense, un poco criminalista.

Para entender este esfuerzo infomercenario es necesario ir por partes porque los niveles de agitación en la vida nacional política con frecuencia no permiten ver lo que hay detrás de cada matriz.

Casey comienza relatando el hecho: tres recién nacidos mueren en el Hospital Luis Razetti de Barcelona, estado Anzoátegui, tras ser asistidos con ventilación manual por 45 minutos (uno debe suponer o adivinar que los bebés fallecidos padecían afecciones respiratorias), tiempo en el que duró un apagón eléctrico por cortocircuito en la mencionada localidad, según la declaración del director del nosocomio, Luis Díaz, y cuyas palabras fueron reflejadas en esa especie devertedero mediático llamado El Pitazo.

Voceros probadamente opositores son utilizados para su reportaje

Casey expresó textualmente en su reportaje: “Durante horas los médicos mantuvieron vivos a los recién nacidos enfermos bombeando manualmente aire en sus pulmones”. “Durante horas”, dicho por el infomercenario no es igual a los 45 minutos que comentó Diaz, pero al NYT le importa poco la veracidad de los hechos, ni el tiempo en el que transcurrió, ni la cantidad de bebés lamentablemente fallecidos (muertes que, según el gobernador Nelson Moreno, serán investigadas para verificar que realmente se deban al fallo en la electricidad).

Para legitimar su argumento, inmediatamente en el párrafo continuo, Casey cita supuestas palabras de Osleidy Camejo, médico que no trabaja en el Hospital Razetti de Barcelona, sino en Caracas, bien lejos, específicamente en el Hospital J.M. de los Ríos donde cursa estudios de postgrado en Cuidados Intensivos Neonatales, y cuya aspiración más próxima es graduarse para irse del país, son sus propias palabras repetidas muchas veces delante de sus compañeros de trabajo.

De todos los citados por Casey, es Camejo la que menos preponderancia mediática tiene si la comparamos con los otros dos. Pero que por el solo hecho de portar la bata blanca y ser acérrima opositora le sirve al periodista en la construcción de su matriz.

A ésta le siguen declaraciones de Cristian Pino, médico residente de Cirugía General y quien es nada más y nada menos que el presidente (e) de la Sociedad de Médicos Internos, Residentes y Rurales del estado Mérida. Pino tampoco trabaja en el hospital de Barcelona donde supuestamente fallecieron los siete neonatos, relato central del reportaje de Casey. Pino en esta oportunidad es usado por el periodista para fortalecer su exposición mediática sobre la ya famosa “crisis humanitaria en el sector salud”.

¿Por qué? Porque en los Andes, Pino es más conocido por su labor de agitador de marchas por “derechos” laborales del gremio que por su accionar profesional. Cada vez que la prensa regional en Mérida requiere una declaración negativa sobre temas relacionados a la salud, sale Pino a declarar, fotografiarse y convocar a paros laborales de hospitales y marchas en contra el gobierno.

Otras “fuentes” para reforzar la matriz de “crisis humanitaria” en Venezuela

Otra médico consultada por Casey es Yamila Battaglini, presidenta de la Sociedad Médica del Hospital de Niños J.M. de los Ríos, harto conocida en el gremio por casi las mismas razones que Pino, con una para nada despreciable diferencia: Battaglini es entrevistada con frecuencia por periodistas como César Miguel Rondón, Sergio Novelli, Nitu Pérez Osuna, entre otros nefastos personajes de la comunicación venezolana capitalina, pero además las declaraciones de Battaglini son tomadas como palabras oficiales (en cuanto a datos y cifras) para el informe anual que publica la ONG financiada por George Soros, Provea.

Un dato curioso: en 2011, Battaglini y su séquito de protestantes se reunieroncon el Comandante Chávez para evaluar la situación hospitalaria del país, no hay conocimiento hasta ahora de un plan o proyecto que se le haya presentado al Comandante por parte de este grupo y que diera luces sobre cómo resolver problemas específicos del sector. La sorpresa ante la presencia inesperada de Chávez en la reunión los dejó estáticos y prometiendo planes para después cual rancio adeco.

Estamos ante el aprovechamiento malintencionado de hechos concretos combinados en el uso de un escenario especialmente sensible dentro de la vida nacional: el hospital, más el arma que dispara desinformación constante: el medio, el reportaje.

Como vemos, no fue difícil para Casey conseguir voceros del gremio médico que soportaran su relato de “el colapso del sistema de salud en Venezuela”, probablemente ni siquiera tuvo que entrar al hospital de Barcelona ni presenciar una cirugía menor que terminaría provocándole arcadas, seguro fue más fácil hacer un par de llamadas y teclear desde el cuarto de un hotel en Lecherías saturado de olor a Glade vainilla.

Cifras y datos que desmontan “el reportaje” de Nicholas Casey

Éste no es un reportaje más sobre la “crisis hospitalaria”, no cuando es publicado en el NYT y rebotado por todos los medios privados locales y otros internacionales. Todo lo que Nicholas Casey se apuró a escribir saltando de Barcelona a Caracas y de Caracas a Mérida, arrojando datos no verificables, sin mencionar una fuente seria de los organismos epidemiológicos del país, busca exponer ante el mundo la situación en Venezuela lo más deplorable posible, toda la conjunción de hechos, frases y argumentos son usados repetitivamente para seguir manteniendo viva en la mediática internacional un escenario que refuerce los motivos de la declaración de crisis humanitaria por parte de la derecha local, la aplicación de la Carta Democrática y una posterior intervención, no importa cuanto se agote en sí misma: todo forma parte de la violenta campaña de medios corporativos contra Venezuela, como lo denunció recientemente el presidente Nicolás Maduro.

Para sumar a esa probabilidad injerencista que les agua el cerebro a los factores y seguidores de la ultra, Nicholas Casey agrega a su nota cifras manipuladas de muerte infantil en Venezuela:

“La tasa de mortalidad entre los bebés de menos de un mes de edad aumentó más de 100 veces en los hospitales públicos dependientes del Ministerio de Salud: superó el 2% en 2015 mientras que en 2012 se ubicaba en 0,02%”, agregó el periodista para ensombrecer su reportaje y aumentar el impacto que trae consigo la tergiversación de semejantes datos estadísticos.

Ese cálculo que utiliza Casey está asegurando que en Venezuela, actualmente, de cada mil bebés nacidos vivos, 20 mueren, ojo, “en los hospitales dependientes del Ministerio de Salud”, es decir, que en 240 hospitales que rige el MPPPS, en total, según los cálculos que Casey suelta al mundo, anualmente en nuestro país mueren 4 mil 800 bebés. La mentira se cae solita.

Datos publicados por CIA Word Factbook (quienes aclaran que toda su información es correcta hasta enero 1 de 2015) y publicados por Index Mundi, indican que durante 2012, en Venezuela, la tasa de mortalidad infantil fue de 2% (ó 20 por cada mil) es decir, por cada 100 nacidos vivos, 2 mueren. Cifra con tendencia a la baja como lo muestra el siguiente gráfico.

 Y esa tendencia no descendió espontánea o mágicamente del 2012 al 2014. Antes, otra investigación epidemiológica hecha en Venezuela por tres investigadores que compararon las tasas de mortalidad entre el trienio 1996-1998 y el trienio 2006-2008, arrojaba el siguiente resultado. Citamos textualmente: “La tasas de mortalidad infantil vienen en descenso, es decir, el riesgo de morir ha disminuido dado por una diferencial de tasas negativa de hasta 8,2 puntos entre el primer y segundo trienios estudiados. Además, las muertes en menores de 1 año han disminuido de manera importante en términos absolutos en un número cercano a 3 mil muertes infantiles menos”. Ver el cuadro a continuación:

 

En el asedio mediático global contra Venezuela, el NYT es vanguardia

Los datos usados por el periodista estadounidense, supuestamente divulgados por “legisladores venezolanos”, donde no hay posibilidad alguna de verificación, son falsos. Las cifras son claras, el índice de mortalidad infantil en Venezuela comenzó a disminuir luego de la llegada del Comandante Chávez al gobierno, eso no lo podrá enlodar jamás The New York Times.

“Son hospitales de campaña en un país donde no hay guerra”, remacha el bobopila para que afuera el mundo se convenza de que aquí no hay factores del poder económico, farmacéutico y mediático en guerra abierta contra el gobierno desde que Hugo Chávez asumió el poder, o antes, cuando se conoció su candidatura.

La interpretación que hace este periodista gringo oculta la realidad: Venezuela es un país bajo asedio permanente, ningún sector de la vida pública nacional ha estado a salvo de los ataques que factores del poder global han desarrollado y aplicado insistentemente a través de sus ejecutores pagados en dólares dentro de nuestro país. Lo inesperado para ellos es que el nivel de agresión ha resultado directamente proporcional a la fuerza y la resistencia que como pueblo ha asumido la gran mayoría aún revolucionaria.

Más allá del terrible fallecimiento de los siete neonatos, que no ocurrieron todos durante el apagón en el hospital de Barcelona como ya se demostró, es la tergiversación política y mediática de ese mismo hecho lamentable lo que convierte a Nicholas Casey en un infomercenario importado. En el mundo, producto de la compleja situación económica y política global, mueren niños diariamente y por diversos motivos; la diferencia es que donde ocurren, esas muertes no son utilizadas de la misma manera que aquí.

Venezuela es un país que define cosas importantes dentro de la política global, aunque muchos no lo reconozcan. Es por ello que las formas de agresión irán acentuándose y cada situación compleja será utilizada por los hacedores de la guerra de la manera más cruda posible.

Extraído de la página web “Misión Verdad”:Obsérvalo aquí

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