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Artículo de opinión difama al embajador de Canadá

Artículo de opinión titulado: “¿Quién es el embajador de Canadá en Venezuela?”

Fecha: 14 de julio de 2014

Textual:

De “experto de gestión de conflictos” a “constructor de estados”, la opinión general sobre Ben Rowswell (“estrella ascendente de la diplomacia”, así lo nombraron) lo caracteriza como un agente diplomático ajustado a los nuevos tiempos comunicacionales. Lo significativo de todas estas definiciones se evidencia por los lugares donde estas técnicas de smart power se aplican y ejecutan. El perfil 2.0 y neociudadanista de Rowswell pierde toda profundidad si no se revisa por dónde ha pasado desde sus inicios en el servicio de la política exterior de su país desde los años 90 hasta su llegada a principios de 2014 a Venezuela Bolivariana.

1. Geopolítica de una carrera

Su carrera inicia en Somalia en 1993 en la misión de la ONU cuando rugían las armas de la guerra civil. En la segunda mitad de la década (del 95 al 98) trabajó en El Cairo (Egipto). De 2003 a 2005 fue el Encargado de Negocios de Canadá en la recién ocupada Irak. En 2008, el “diplomático de combate”, como lo llamó el rotativo canadiense The Star, asumió tareas en Afganistán, primero como embajador adjunto en la capital, Kabul, y luego como máxima autoridad en la convulsa provincia de Kandahar (cuna del Talibán) donde dirigió el “Equipo de Reconstrucción Provincial de Kandahar” hasta 2010, y fue reconocido por manejar un voluminoso equipo cubriendo todas las actividades de la región. Ahí están, a la vista, los grandes “logros” del esfuerzo de “reconstrucción” en Irak y Afganistán.

Antes de ser designado para ocupar la oficina diplomática en Caracas se encargó de la Dirección de Estados Árabes del Golfo, del Departamento de Asuntos Exteriores, Comercio y Desarrollo (la cancillería canadiense así rebautizada hace poco), es decir, las petromonarquías que asumieron un destacado papel en los intentos de “cambio de régimen” en Libia (logrado), Egipto (frustrado) y Siria (fracasado): Arabia Saudita, Catar y los Emiratos Árabes Unidos. “Un diplomático para la era digital, recibió el título de ‘Director de Inovación’ del Departamento de Asuntos Exteriores…”, agrega el periodista Gerar Di Trolio. Y amplía: “Mientras monitoreaba ‘transiciones democráticas’ en Afganistán, Irak y Egipto, el joven attaché se especializó en el empleo de las redes sociales para las misiones diplomáticas, con el fin de interactuar directamente con actores no-estatales, esquivando de hecho al Gobierno de la nación”.

Rowswell, egresado en Relaciones Internacionales de la Universidad de Oxford y especializado en la de Georgetown en la Escuela de Servicio exterior, fue también alumno del Instituto Nacional Demócrata para los Asuntos Internacionales (creado por la NED en 1983), el think tank de la política internacional del Partido Demócrata estadounidense, presidido por Madeleine Allbright, la jefa del Departamento de Estado gringo que tanto hizo por la intervención de la OTAN en Yugoslavia (y luego en Kosovo). Dicho esto, se amplía el sentido de la creación por parte de Rowswell de la “Democracy Unit” (la unidad para la “democracia”) de la misma cancillería. Miembro de varios centros de estudios internacionales, ha sido también conferencista.

2. La “diplomacia directa”

“Mr. Rowswell es uno de los principales promotores de la diplomacia digital en Canadá: el año pasado (2013) supervisó un proyecto piloto de diplomacia directa para el Departamento de Asuntos Exteriores, Comercio y Desarrollo, donde colaboró en el establecimiento de una plataforma comunicacional para iraníes y emigrantes iraníes para que se comuniquen entre sí, y ocasionalmente con el Gobierno canadiense, fuera del alcance de los censores de ese país”,  reseña el portal canadiense observatorio.ca.

Luego de visitar las sedes de Google y Twitter, John Baird, el jefe de la política exterior canadiense afirmó que “…en el contexto de comunicaciones instantáneas y de redes sociales, tenemos que movernos rápido y no tener miedo de intentar nuevas cosas o de cometer errores”.

“Ampliando sobre las palabras del ministro, un oficial hizo resaltar dos mensajes clave: primero, toda misión diplomática será responsable de sus propias cuentas en las redes sociales, sin tener que pasar las aprobaciones en la sede. Este es un punto clave para dejar a los diplomáticos el espacio necesario para expresarse ellos mismos, y representa un cambio real en un gobierno que tradicionalmente ha insistido bastante en la coherencia”, agrega el portal diplomaciadirecta.net del que se extraen las palabras del canciller.

Como se puede entrever, el cambio de estilo y metodología en la relación entre la cancillería y las embajadas les confiere un significativo grado de autonomía comunicacional, lo que podría entenderse como una atomización de la agenda canadiense de acuerdo a las necesidades “comunicacionales” en donde tengan representación diplomática.

El proyecto de publicación digital “Democracia Directa” es coordinado por el mismo Rowswell y Amal Asouz, estudiante de maestría tunecina-canadiense. El blog se encuentra en una fase experimental y su última entrada es del 14 de mayo de este año. Al parecer Rowswell ha estado muy ocupado en otros asuntos más prácticos de la “democracia directa” y la “diplomacia ciudadana”.

3. El Gobierno canadiense apoya la guarimba

Su llegada a Venezuela a mediados de marzo coincidió con la suspensión de vuelos de la línea Air Canadá “por motivos de seguridad” a Venezuela. Al mismo tiempo que Canadá oficializaba su designación (28 de febrero), la Cámara de los Comunes (el Parlamento canadiense) emitió la siguiente resolución dirigida al poder ejecutivo:

Que la Cámara expresa su profunda preocupación por la escalada de la violencia en Venezuela; expresa sus condolencias a los familiares de quienes han fallecido o han resultado heridos en el transcurso de las protestas callejeras; le solicita al Gobierno de Canadá a que urja a las autoridades venezolanas a des-escalar el conflicto, proteger los derechos humanos y las libertades democráticas de los ciudadanos venezolanos, libere a todos los detenidos durante las protestas, cese inmediatamente la interferencia del Gobierno con los protestantes pacíficos, y asegure que las personas que perpetraron la violencia sean llevadas a la justicia y que carguen con todo el peso de la ley; alienta al Gobierno de Canadá a jugar un papel de liderazgo en la promoción de un diálogo político en Veneuela que respete los malestares legítimos y las diferencias de opinión; y que haga un llamado a poner fin a la retórica divisionista y las acciones que sólo retrazan y ponen en peligro las soluciones políticas inclusivas que el pueblo venezolano merece“.

Para algunos analistas, ambas acciones (Air Canadá y el apoyo formal a la guarimba) hicieron la vez de “embargo simbólico” de Canadá contra Venezuela.

La decisión sobre la resolución fue unánime entre el Partido Liberal y el Partido Conservador. El sistema parlamentario canadiense guarda algo más que similitudes con el ejercicio del poder legislativo en los Estados Unidos e Inglaterra, y esta clase de resoluciones bipartidistas (“bipartisans“, como se estila en el argot gringo) refleja una posición común que supera las habitualmente opuestas agendas legislativas expresando los “intereses superiores” de la nación. 

Es en ese contexto político-discursivo en el que Rowswell es nombrado embajador. Queda claro cuáles son los intereses y cuál la “interpretación” del “conflicto en Venezuela”. 

El principal promotor de esta resolución fue el diputado Jim Karygiannis (liberal). El parlamentario proponía antes de la versión definitiva que en vez de decir “Gobierno venezolano” dijera “gobierno de Maduro”. Karygiannis fue invitado como observador internacional en las elecciones de 2013 por la MUD y agenció la intervención de María Corina Machado en el parlamento canadiense en Ottawa (la capital), asumiéndose como portavoz de la “diáspora venezolana” en Toronto. Luego de que Maricori fuera a arrocear a la Cámara de los Comunes, el empresario Karygiannis perdió en las elecciones municipales de Toronto. 

“El incremento del apoyo a las protestas (en Venezuela) en Ottawa no se hubiera dado si el gobierno de Harper (el Primer Ministro) no estuviera interesado en el cambio de régimen en Venezuela”, apuntaba la periodista progre Dawn Paley por esos días de guarimba desatada. 

4. Rowswell en Venezuela 

El 6 de julio José Vicente Rangel denunció las extrañas actividades que venían desarrollándose en la sede diplomática canadiense. En su programa dominical Rangel denunció, basado en informaciones de inteligencia, que “a través de la embajada ingresan al país miembros de un importante organismo de inteligencia conocido internacionalmente”, que “luego regularizan su situación a través de una compañía que presta servicios a grandes empresas que operan en el país, dirigida por un ex oficial de la Guardia Nacional que estuvo entre los alzados de Plaza Altamira en el año 2002”.

Como era de esperarse, la réplica de la embajada fue inmediata y también contó con la plataforma de medios cipayos para magnificar la respuesta de Canadá, sin contrastar en lo más mínimo la información que suministró JVR en sus Confidenciales. La embajada rechaza ca-te-gó-ri-ca-men-te las “acusaciones” de JVR, pero en simultáneo a las denuncias se llevaba a cabo en la embajada una “actividad” invitando a hablar sobre derechos humanos.

Para el evento fueron convocadas las ONG Cofavic, Espacio Público y Provea (al menos esta última históricamente ha recibido financiamiento abierto de instituciones del Gobierno canadiense). El invitado especial para la ocasión fueDavid Morrison, viceministro para las Américas. En el plano infociudadano (de diplomacia directa) se convocaba con la etiqueta #SeHablaDDHH, con supuesto tono aperturista, aceptando la opinión “no importa sus perspectivas políticas”, dijoRowswell en su cuenta tuíter.

Pero las “perspectivas políticas” sí importan. La manera como Canadá ha enunciado su “perspectiva” antes, durante y después del último rebrote guarimbero va en sintonía con esa versión. La línea que esas (devaluadas) ONG convocadas ejecutan obedece a la misma narrativa unilateral. La relación prioritaria con la clase media urbana refleja esa “perspectiva”. El currículum de Rowswell describe la “perspectiva” de un gobierno (miembro de la OTAN) que apoya monolíticamente las decisiones de Estados Unidos en el tablero geopolítico global, lo vemos en la OEA, lo vemos en la ONU, lo vemos en las ejecuciones del “Estado profundo” coincidente con el gringo en el universo de las corporaciones, en las compañías mineras más poderosas del mundo (la Barrick Gold depreda ferozmente a Colombia, Perú, Argentina…), en el discreto agente activo del capitalismo del desastre a nivel planetario. Los intereses regidos por el 1%.

La diplomacia directa de Rowswell se refleja en la oenegización del conflicto, en el intento ciudadano de “retirarle” el poder a las instituciones de un Estado mediante agentes no-estatales (el “desafío político“) de poder paralelo, métodos de representación discursiva estudiados y aplicados en las zonas donde confluyen desestabilización, conflictos e intereses estratégicos para las corporaciones. Una cosa será lo que periodistas como JVR revelen basados en fuentes de inteligencia, una muy distinta la que está a la vista pública y de la que se puede contrastar su “perspectiva” política con la lectura política propia del momento actual, sobre todo cuando se calientan motores para subirle el volumen una vez más a la guerra mediática y a la intoxicación informativa, imponiendo la representación excluyente de una minoría sobre los demás elementos de la realidad venezolana.

Dicho esto habrá que ver qué hacen algunos desde ciertas embajadas, tan lejos de Venezuela y tan cerca de la Plaza Altamira.

Extraído de la web de “Misión Verdad”:Obsérvalo aquí

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