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Artículo de opinión difama a defensores por realizar campaña para denunciar el derecho a la salud

Artículo de opinión titulado:Farándula, ONGs y abusos politiqueros en torno a Óliver Sánchez”

Fecha: 01 de Junio de 2016

Autor: William Serafino

Textual:

Antes de que saliera a la luz pública la entrevista de los padres de Óliver, la ONG Provea y el conglomerado de medios nacionales e internacionales que se pegaron a su versión, posicionaron el lamentable hecho como si hubiera sido una decisión política del chavismo dejarlo morir, o lo que es lo mismo en su versión hipersaturada: el Estado “asesinó” al niño.

Fue la oportunidad dorada (¿o el “muertico necesario”?) para que articulistas de medios escuálidos deseosos de fama, famosos deseosos de más fama, otras ONGs que también compiten para colearse en las cumbres sobre DDHH en Washington y medios locales y extranjeros, desmembraran moralmente a Óliver para ver cuál parte cotizaba mejor en el mercado de la opinión antichavista, tan grande y expandido que encuentra ávidos consumidores de relatos degradantes en lugares remotos como España, el resto de Europa y Estados Unidos.

El fallecimiento de Óliver y sobre todo las aberrantes mentiras que bordean su caso (descritas en la entrevista realizada a los padres), fueron utilizadas para vulgarizar la indignación en el desinformado mundo 2.0 y para abrir las compuertas del influyente faranduleo antichavista en un momento donde el relato de la “crisis humanitaria” llega a su punto cumbre y necesita concretarse aunque sea mínimamente.

¿Quiere hacerse famoso hablando mal del Gobierno? Entonces bachaquee y revenda trozos de la vida y muerte de Óliver. Remátelo moralmente comohicieron Chino, Edgar Ramírez, la modelo Daniela Kosan, Laureano Márquez, entre otros, quienes ahora ganarán más fama replicando mentiras y aprovechando la muerte de un niño para su proyección y beneficio personal. Hasta la pianista venezolana ganadora del Grammy Latino en 2015 y quien tocara para Barack Obama en 2009, Gabriela Montero, logró beneficiarse de las sobras que dejaron los demás dedicándole una canción.

La MUD tampoco quiso perderse el bonche y aprovechó el momento en que el tema estaba en la cima de la cartelera para replicar las mentiras del caso dentro de la Asamblea Nacional. Esto ya lo venía anunciando los interesados tuits de Luis Manuel Olivares (portavoz de la “crisis humanitaria”), de Luis Florido (instigador de la Carta Democrática), Diana D’Agostino, Henrique Capriles y las declaraciones de Manuel Pizarro. Los padres no hicieron presencia ni les fue dado un derecho de palabra. La MUD pensó y ejecutó: no se beneficien ustedes solos, Óliver es de todos. Apúrense.

En cada una de estas declaraciones, en distintas escalas y formas, repitieron básicamente el mismo lema: “Óliver murió por la escasez de medicamentos y por la indolencia del Gobierno”.

¿Quién da la “primicia”?

Primero que nada, Provea asume la patria potestad de facto de Óliver Sánchez cuando da la “primicia”. No hace ninguna referencia a los padres o a la evolución en el tiempo de su estado de salud, y sí promoviendo la viralización de su foto con una pancarta para instalar, de una buena vez, que habría muertos por falta de medicinas.

Lo importante para esta ONG era prostituir el hecho en posición adelantada para que todas las cámaras y periodistas giraran hacia ellos como la única fuente comprobada para comentar (sesgadamente) el caso. Provea se asumió como propietario de la vida de Óliver Sánchez, pasando por encima del respeto básico y elemental que se merecían los padres y familiares en un momento complejo. Pero a Provea no le importa en lo absoluto respetar la vida de estas personas y decir la verdad, sino manipular sobre la supuesta responsabilidad directa del Estado para justificar su criminalización

De seguro ya le sellaron un pasaje directo a Washington para comentar el caso. Es así como una estrategia de negocios llamada “defensa de los derechos humanos” convierte el fallecimiento de un niño en uso y disfrute de dinero fresco que emana desde sus financistas.

Procedimientos mediáticos aplicados y la verdad dicha por los padres

Óliver Sánchez no murió por falta de medicamentos o por la “indolencia” del Estado, como fue reseñado por medios como BBC, Efecto Cocuyo, El Impulso,AP, Runrunes y The Washington Post, Univisión y La Patilla, por tan sólo mencionar algunos de los más importantes. Este nivel de orquestación a nivel local y extranjero sumado a las declaraciones de agentes de la farándula, ONGs y de la alta política antichavista describe, sobre todo en casos como estos, la ejecución de un procedimiento estandarizado que busca tercerizar las vocerías para saturar la agenda política, conmocionar a distintos públicos y despolitizar la proyección del suceso. La desinformación y las imprecisiones intencionales en este sentido, son el filtro por el cual el relato evita ser traspasado por cualquier razonamiento lógico, instalando así un monopólico sentido común que se explica por su propia simplificación.

Óliver muere por la complicación causada por una meningitis que agravó el estado de su enfermedad: linfoma no hodking. Una de las más complicadas y difíciles enfermedades cancerígenas de tratar. Según lo dicho por sus propios padres, “a él siempre se le consiguió su medicamento”. Si bien el desabastecimiento de medicinas golpea concretamente las posibilidad de acceder a medicinas sensibles, es falso que la ausencia de medicamentos fuera la causa fundamental de su fallecimiento, como dijo jugando en posición adelantada Provea. Antes de fallecer, Óliver había recibido un ciclo de quimioterapia.

Ahora bien. Si el tema de fondo son las “erróneas” e “ineficientes” políticas de salud del Estado venezolano, ¿cómo podría entonces la familia de Óliver Sánchez, en un gobierno que no subsidie ningún medicamento, costear un tratamiento que cuesta miles de dólares? ¿Cómo harían para comprarlo si precisamente esos subsidios aumentan el “gasto público” y hacen “ineficiente” la actividad del Estado en la lógica neoliberal de la oposición? ¿Cuál es el hipotético futuro de sanación y felicidad que los políticos opositores que abrazan la privatización lo prometían a Óliver Sánchez en un mundo de libre mercado? ¿No es acaso aplicar el principio de quien tenga dinero podrá curarse? ¿Qué otra opción le planteaban distinta a la de la supuesta “indolencia” del Gobierno?

Los medicamentos para tratar el linfoma no hodking son patente e importación exlusiva de grandes laboratorios como Roche y compañía. Es un tratamiento altamente costoso: los principales medicamentos como Rituximab (entre 1.300 y 45.289 dólares), Doxorrubicina (entre 700 y 1.500), Ciclofosfamida (entre 349 y 1.180), Vincristina (entre 79 y 143) y Desraxonzane (entre 300 y 1.200 dólares), superan hasta el poder de compra del salario mínimo del país más desarrollado. Estos medicamentos, sin el subsidio y las ayudas del Estado se harían complicados de adquirir por los padres de Óliver. El IVSS es la única institución que los suministra de forma gratuita y sin excepción.

Porque para los pobres, como lo es la familia de Óliver, una enfermedad de esas características representa un camino incierto entre la vida y la muerte. Y sólo una familia representante de los estratos más acomodados tiene el capital para financiar ese tratamiento a mediano plazo con recursos propios. Contrariamente a la matriz instalada, fueron esos subsidios, aun con sus fallas y problemas derivados de la compleja situación financiera que atraviesa el país, los que garantizaron gran parte de su tratamiento y la extensión de su tiempo de vida.

Pero contar el hecho tal cual sucedió no se vende tanto como aquel que es construido a base de suposiciones, juicios torcidos y desinformación extrema. El tratamiento mediático dirigido por el falso dolor, el apoyo hipócrita mientras el tema esté en cartelera, revela la premeditada sincronía entre la búsqueda del “muertico necesario” (ya a estas alturas poco importa edad, sexo o condición social) para elevarle el perfil mediático, exigencia que hace Leopoldo López desde su tuiter para que el Estado venezolano permita la entrada de unas supuestas 100 toneladas de medicamentos.

Al mismo tiempo que semejante exigencia evidencia su desespero, también lo deja en ridículo en sus ansias por mostrarse como el salvador que cura las enfermedades de la población. Al país acaban de ingresar 96 toneladas de medicamentos por vía del Convenio China-Venezuela. Medida que sin duda genera sarpullido en quienes apuestan por que los medicamentos vengan acompañados de una intervención multilateral, tal cual entroniza a mediano plazo el informe bajo el cual Luis Almagro invoca la Carta Democrática contra Venezuela. Desde la OEA también reclaman su trozo de Óliver para apalancar su agenda de intervención contra Venezuela.

Y que haya sido un niño específicamente el impactado por las balas de los medios hace más sencilla la construcción de un hecho conmocionante, de una especie de golpe a la opinión pública. No esperemos rectificaciones de quienes les importa poco prostituir la tragedia de una familia, utilizar la imagen de un niño y rebajar su condición médica a una supuesta falta de ayuda para comprometer la imagen internacional del país. Porque al final del día, lo que existe detrás de todas estas operaciones desinformativas y de intoxicación, detrás del faranduleo, ONGs y de los actores mediocres de la oposición, son intereses, dinero y grandes negocios. Y ellos sí que son serios aplicando la ética del capital en todo su carroñero esplendor.

Extraída de la web “Misión Verdad”:Obsérvalo aquí

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